sábado, 28 de julio de 2012

“La ‘modélica’ Transición nos dejó un bipartidismo corrupto encabezado por el monarca que designó el dictador”

Alfredo Grimaldos



Entrevista a Alfredo Grimaldos, periodista de investigación y autor de los libros Esperanza Aguirre. La lidereS.A. y Zaplana. El brazo incorrupto del PP.

Elvira de Miguel. – El Gobierno valenciano, del que Eduardo Zaplana fue “molt honorable president” hace unos años, cifra hoy en 3.500 millones sus necesidades de liquidez. ¿Qué responsabilidades tienen en esta situación políticos como Zaplana o Camps, sus dos últimos presidentes antes de Fabra?
Alfredo Grimaldos. – Todas. A la política de derroche presupuestario característica de Eduardo Zaplana al frente de la Comunidad Valenciana, que trituró ingentes cantidades de dinero público en beneficio privado, se unió la relación de Zaplana, sin el menor recato, con los grandes magnates inmobiliarios de la Comunidad Valenciana, como Andrés Ballester, beneficiado por la política de recalificaciones de terrenos desarrollada por Zaplana en ese territorio. Cuando Zaplana llega a Madrid de ministro, sigue por el mismo carril: uno de sus más íntimos colegas es nada menos que Francisco Hernández, “El Pocero”. En las nuevas operaciones coincide también con José Bono. Bipartidismo recaudador. Lo de Camps y sus “amiguitos del alma” lo tenemos más reciente y está claro.
E. M. – Dice usted en su libro Zaplana. El brazo incorrupto del PP que Zaplana representa a un sector de políticos que carecen de grandes planteamientos ideológicos de fondo, no se encuadran en ninguna corriente de pensamiento derechista tradicional por más que se definan una y otra vez como liberales, y su meta exclusivamente es el poder y el dinero. En su opinión, ¿abunda este tipo de político en España?
A. G. – Por supuesto. A un lado y a otro, suponiendo que sean diferentes orillas. En todos los partidos. Volviendo a Zaplana, no tiene consistencia intelectual ni cultural. Acabó la carrera de Derecho después de mil años, tras empezar sus estudios en Valencia. Consiguió por fin el título –aunque no se ha dedicado a ejercer la abogacía– cuando se inauguró una nueva universidad en Alicante, donde su suegro Miguel Barceló tenía enorme influencia. Pero eso también se da mucho en el PSOE: sólo hay que ver la trayectoria y la formación de personajes del supuesto otro bando, como Leire Pajín o José Blanco.
E. M. – El periodista Javier Ortiz, en el prólogo que escribió para su libro sobre Zaplana, afirmaba ya en el año 2007 que la principal virtud que debe adornar a un buen estafador es parecer un hombre honrado. Y añadía: “¿Cómo va a ser un buen estafador alguien que tiene aspecto de estafador?”. Tanto Zaplana como Camps han sido grabados telefónicamente en conversaciones muy comprometidas. Usted reproduce en su libro Zaplana. El brazo incorrupto del PP la transcripción completa de la conversación entre Eduardo Zaplana y Salvador Palop extraída del sumario del caso Naseiro. ¿Por qué las instituciones públicas y muchos medios de comunicación han mirado durante todos estos años para otro lado a pesar de las obviedades sobre todo tipo de prácticas irregulares de los políticos? ¿Qué explicación encuentra a que muchos ciudadanos sigan votando a los partidos que les albergan?
A. G.– Cuando iniciaba su carrera política, buscando salir del ámbito local de Benidorm, donde fue alcalde, Zaplana es “cazado”, de rebote, por el juez Manglano, que investigaba un asunto de drogas. En una de las conversaciones telefónicas que le grabaron entonces, Eduardo Zaplana se retrata perfectamente. Dice: “Me tengo que hacer rico… Tengo que ganar mucho dinero, me hace falta mucho dinero para vivir…”. Y en otra de las cintas, que recoge un diálogo entre él y otro miembro del PP, Salvador Palop, en el que están tratando sobre la recalificación de un solar, añade: “Y entonces le dices… bueno, yo una comisioncita. Le pides dos millones de pelas o tres. Lo que te dé, y me das a mí la mitad bajo mano”. La conclusión es que los ciudadanos más lúcidos de este país, los que piensan que el mundo de la política profesional es muy miserable y está llena de individuos que sólo pretenden enriquecerse con ella, tienen toda la razón del mundo. Este sistema está completamente podrido. Hay mucha mayor cercanía entre los políticos profesionales del PP y del PSOE que entre ellos y sus respectivos votantes. Un político no muerde nunca a otro. Vociferan mucho, pero siempre están de acuerdo en impedir la más mínima transparencia sobre su gestión. La podredumbre de unos se tapa con un dossier con la corruptelas de los otros. “Yo te saco Gürtel”. “Pues yo a ti los EREs”. Y al final todo se diluye. La Transición fue una gran mentira: no hubo ruptura democrática y se montó un tinglado que sirve para que los ciudadanos estén cada día más desinformados y no tengan la más mínima capacidad de decisión sobre cualquier problema. Y encima hay insensatos bienintencionados que están convencidos de que esto es una democracia.
E. M . – A usted y a la editorial Foca, donde publicó el libro sobre Zaplana, les han denunciado y llevado a dos juicios por contar estos hechos: uno por difamación y otro por calumnias. ¿Cuál ha sido el veredicto de la justicia? ¿Tiene pendientes otros juicios relacionados con su trabajo como periodista de investigación?
A. G.– Volviendo al nivel intelectual y a la formación académica de Zaplana, en mi libro recordaba, de pasada y un poco en broma, que él hizo el bachillerato en un colegio de Benidorm llamado Lope de Vega. En opinión bastante generalizada entre la comunidad docente del País Valenciano, era un centro al que acudían los hijos de familias “bien” para que los jóvenes poco estudiosos se titularan a cambio del sustancioso pago de fin de mes, y popularmente era conocido como el “Lope de vagos”. Instigados por Zaplana, los responsables del centro me pusieron una querella y, para el acto de conciliación previo al inicio del procedimiento, pedían 600.000 euros y la retirada del libro de la circulación. Como ese día yo no tenía dinero suelto, no pude acudir a conciliarme. El caso es que de ellos ya nunca más se supo.
Zaplana, en persona, también interpuso una querella contra la editorial y contra mí, por injurias y calumnias, que perdió. Lo del periodismo de investigación está cada vez más complicado. Yo, que soy muy aficionado al flamenco, me acuerdo de una letra, con la que me identifico mucho, que cantaba José Menese por seguiriyas, en 1967, cuando aquí quedaba “bicho” para rato, en la que se refería a un hombre acosado por la Justicia. En ella, Pepe decía: “Golpesitos en la puerta, / ca vez que dan golpesitos en la puerta, papelitos que me entregan. / Si saben los jueces de toas mis fatigas, / doy por seguro que no me empapelan”. Ahora, el pleito que tengo vigente es una demanda de protección al derecho del honor que interpuso contra mí la familia Rosón, por las alusiones que yo hacía al primer presidente de la Xunta de Galicia, Antonio Rosón, en mi libro La sombra de Franco en la Transición. Él fue jefe militar de una zona de la provincia de Lugo en la que se produjeron numerosas matanzas de republicanos en el verano del 36. Ya he perdido los tres primeros asaltos judiciales, y el asunto está ahora en el Tribunal Constitucional. Todo es un disparate, porque en la sentencia no se entra a dilucidar si lo que cuento es cierto o no, sino que eso ya se juzgó hace más de treinta años y entonces se condenó a la revista Interviú por el asunto.
E. M.- Zaplana trabaja actualmente, al igual que Iñaki Urdangarín, para Telefónica cobrando aproximadamente un millón de euros anuales. Fue Javier de Paz, uno de los hombres de máxima confianza de José Luis Rodríguez Zapatero, quien le colocó. ¿Hablan más en la intimidad y son más amigos de lo que aparentan los políticos que en el hemiciclo aparecen como oposición?
A. G.– Cuando Eduardo Zaplana era portavoz del Grupo Parlamentario del PP, su rival en las filas del PSOE era Alfredo Pérez Rubalcaba. En todas las sesiones montaban un sainete, aunque, como es constatable, ambos partidos hacen piña a la hora de aprobar o rechazar más del 90% de las mociones. Mientras los votantes de unos y otros se mataban a voces en los bares, Zaplana y Rubalcaba, íntimos amigos y los dos madridistas, iban juntos los domingos al palco del estadio Santiago Bernabéu a tomarse unas copitas disfrutando del fútbol y la amistad institucional. Y, por supuesto, compartiendo los secretos de las cloacas del Estado. Durante el mandato de Zapatero como presidente del Gobierno, Zaplana encuentra un privilegiado cargo en Telefónica, una empresa muy rentable que era pública, cuya privatización la inició el PSOE y la remató el PP; amparado nada menos que por Javier de Paz, consejero de la entidad y ex secretario de las Juventudes Socialistas. Al principio, Zaplana entra con el supuesto cargo de responsable de relaciones con Europa y, después, para evitar líos y críticas, se le nombra simplemente “asesor”. O sea, no hace absolutamente nada, más que tener despacho, numerosos privilegios y un millón de euros al año. ¡Viva la democracia! Después de irse de rositas de Terra Mïtica y los pagos por duplicado con dinero público a su amigo de asuntos inmobiliarios Julio Iglesias, entre otros trajines valencianos.


E. M.- Esperanza Aguirre nos advierte que si no queremos convertirnos en Argentina, con “corralito” y con inflación del 20 o el 40 por ciento, hay que rebajar el gasto público. “Se tienen que acabar los subsidios y las subvenciones, y las mamandurrias en general”, declaró recientemente a los periodistas pidiendo “ayuda” a los ciudadanos. Usted cuenta en su libro Esperanza Aguirre. La LidereS.A. el saqueo al presupuesto público en busca del beneficio privado y los escándalos protagonizados, entre otros, por su mano derecha, Ignacio González, actual vicepresidente, portavoz y consejero de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid, además de secretario general del PP de Madrid. ¿Ha tenido en esta ocasión algún problema por esta denuncia?
A. G.– Esperanza Aguirre abordó este asunto de forma distinta que Zaplana. Se encontraba tan “sobrada” que sólo me mandó, indirectamente, algún mensaje irónico sobre el contenido del libro, sin meterse en líos de tribunales. La política del Ejecutivo Regional encabezado por Aguirre se ha caracterizado por intentar rescatar los sectores empresariales vinculados, sobre todo, al mundo del ladrillo, que ha consistido en poner en sus manos recursos públicos y convertir en una fuente de ingresos muchos derechos básicos de los ciudadanos. Aguirre ha llegado a la feliz conclusión de que todos los servicios públicos son susceptibles de ser convertidos en negocio particular. Por ejemplo, en el ámbito de la sanidad, desde que ella llegó a la Presidencia del Gobierno autonómico, el objetivo fundamental de su política está más relacionado con el beneficio de las empresas constructoras que con la salud de los ciudadanos. En cuanto a su “mano derecha”, Ignacio González ha ido liquidando a sus propios correligionarios que le han hecho sombra, como Alfredo Prada o Granados, para quedarse él sólo con el control de la recaudación. En mi libro, cito infinidad de asuntos en los que él aparece. Ahora, el diario “El Mundo”, le está breando con el asunto de un apartamento de lujo que tiene en Málaga. Por supuesto, la cosa apesta, pero el actual ministro del Interior ha cesado al propio comisario jefe que él había nombrado, por iniciar esa investigación sobre González.
E. M.- Describe en su libro a Aguirre como una aristocrática y pizpireta millonaria que actúa con aire arrabalero y maneja la Comunidad de Madrid con absoluto desparpajo para llevar a cabo un plan de destrucción de los servicios públicos básicos: sanidad, educación, privatización del Canal de Isabel II, Telemadrid. ¿Quiénes son los beneficiarios de esta gestión política?
A. G.– Como ya he dicho antes, detrás de la política de Aguirre hay un plan sistemático de destrucción de los servicios básicos y de saqueo del presupuesto público en busca del beneficio privado. Amigos, correligionarios y parientes de ella se benefician de su gestión. Ha conseguido que el AVE pare en una finca de su familia, ha construido carreteras y líneas de metro con la única intención de multiplicar los beneficios de las poderosas empresas constructoras que se mueven a su alrededor y ha convertido Telemadrid en un órgano de propaganda a su exclusivo servicio.
E. M . – Como en una secuencia de la película de Coppola ‘El Padrino’ (“son sólo negocios, no hay nada personal”), cuenta también en un capítulo interesantísimo la batalla entre Gallardón y Esperanza Aguirre por el control de Cajamadrid. Parece que también se dieron de “navajazos” Zaplana y Camps por situar a sus huestes en la Caja de Ahorros del Mediterráneo. ¿Son capaces los políticos de pactar con quien sea, incluidos miembros de la oposición, en contra de gentes de sus propias filas, para lograr sus fines?
A. G.– En un capítulo de mi libro “La LidereS.A.”, ya adelanto la existencia de toda la basura que está saliendo ahora en Cajamadrid-Bankia. Chupaban del bote, además de los grandes partidos, que se llevan lo gordo, CCOO, UGT y hasta un sector de Izquierda Unida, ésos a los que yo llamo los “trincarrublos”. Uno de ellos, José Antonio Moral Santín, llevaba un cerro de años de consejero en Cajamadrid, con el respaldo del jefe de Izquierda Unida en Madrid, Ángel Pérez. Estos individuos se metieron en el Partido Comunista de los Pueblos de España, una escisión del PCE a principios de los años 80, cuando la URSS repartía rublos a barullo. Mientras la mayor parte de los militantes del PCPE continuó trabajando en su seno, en el momento que el bloque del Este quebró, los “trincarrublos” se colocaron en IU. Pérez, un personaje sin ningún brillo, sobrevive políticamente gracias a que controla el aparato de la organización e impide cualquier limpieza regenerativa.
En cuanto a la CAM, sólo un detalle, que relato con más detenimiento en mi libro sobre Zaplana. El mismo día que él firmaba la hipoteca de un piso de lujo en el Paseo de la Castellana de Madrid con la Caja de Ahorros del Mediterráneo, esa misma entidad avalaba el proyecto inmobiliario en Seseña de su amigo El Pocero. El saqueo más descarado de las cajas de ahorro. El Estado entrampa a los ciudadanos para tapar el boquete de estas entidades esquilmadas y Zaplana se lleva un millón de euros de una empresa pública que era muy rentable y se privatizó para que otros se llevaran los beneficios.
E. M .- Por último, el actual Gobierno aplica por decreto ley a la ciudadanía todo tipo de recortes en sueldos, coberturas sociales y derechos. Nos dicen que no hay otra salida dada la situación de la economía española. Sin embargo, siguen sin exigir ninguna responsabilidad a quienes en estos últimos 10 años han manejado los fondos públicos para que se devuelva lo robado. Dice usted en el prólogo que, después de mover la podredumbre y tras el intercambio de cubos de basura en periodos electorales, todo vuelve al cauce pactado a través de los subterráneos consensos de la Transición. ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación y que no se vayan de rositas todos los que se han llevado dinero mientras ejercían una función pública?
A. G.– Gran parte de lo que tenemos ahora encima, además de lo que nos corresponde por pertenecer al sistema bancario europeo y mundial, es producto de la gran estafa que fue la “sacrosanta” Transición, que sólo sirvió para adecuar el franquismo a los nuevos tiempos. Así que, además de la sumisión a las instituciones que representan el capitalismo más depredador, nosotros tenemos el plus de la herencia fascista, muy presente en esta sociedad. La “modélica” Transición nos dejó un bipartidismo corrupto encabezado por el monarca que designó el dictador. Los ciudadanos tienen que espabilar, ser conscientes de que la casta política y los banqueros forman parte de la misma banda de atracadores, y participar activamente en la vida saliendo a la calle y organizándose. La inmoral deuda pública contraída por el Estado español a consecuencia de banqueros y políticos delincuentes no hay que pagarla. Y todos los chorizos de cuello blanco al talego y que devuelvan la pasta.
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