sábado, 30 de junio de 2012

Los 40 años que España vivió bajo la dictadura se caracterizaron por la represión y la persecución

Juan Antón

 

El régimen franquista, un balance

JUAN Antón, Catedrático de Ciencia Política 29/06/2012 
 
La polémica que se ha producido en la Real Academia de la Historia (RAH) respecto a cómo tratar en su canónico Diccionario Biográfico Español la figura del dictador Francisco Franco y otros personajes históricos del periodo 1931-1939 ha producido un interesante efecto: iluminar con luz y taquígrafos la gran cantidad de caspa franquista de la que todavía tenemos que librarnos. La cuestión es grave porque en esta ocasión no se trata de falsos historiadores que han encontrado un medio de vida tergiversando los hechos para contentar a su público de extrema derecha. Se trata de una institución que debería ser un modelo de rigor y ecuanimidad y por ello su actuación ha sido deplorable: convirtiéndose en altavoces de las opiniones de la derecha menos civilizada de este país. Una derecha radical que necesita demonizar a la segunda República y edulcorar la figura del general Franco para ocultar básicamente dos cosas: los execrables crímenes del régimen y los beneficios que obtuvieron los franquistas a costa de los vencidos. El muy solvente historiador Ángel Viñas califica la citada obra de la RAH de "disparates" y "distorsión".
Por todo ello quizá sea oportuno un somero balance del régimen franquista (1936-1975). Disponemos de suficientes conocimientos objetivos como para que su mera exposición nos permita juzgar de forma ecuánime.
EL RÉGIMEN nació en la guerra civil (1936-1939) que enfrentó a una coalición de derecha radical (militares, oligarquía terrateniente y financiera y clases medias ultraconservadoras) contra los defensores de la República (clases medias reformistas y populares). El general Franco (1892-1975) se apoyó en el Ejército, un partido único FET y de las JONS y en neotradicionalistas católicos y la Iglesia.
Todos los franquistas compartían unos mismos criterios genéricos: antiliberalismo, nacional-catolicismo y autoritarismo. Por ello el franquismo puede ser conceptualizado de dictadura militar fascistizada. Se trató de un cesarismo militar no pretoriano; Franco, el Caudillo, concentró todos los poderes.
Dichos 39 años pueden ser divididos en tres etapas: primer franquismo (1936-1957); segundo (1957-1969) y tardofranquismo (1969-1975). Durante la primera, el régimen puede ser calificado de semifascista. En esa etapa, mediante un pacto de sangre, los vencedores de la guerra civil aplicaron una política de exterminio de sus oponentes políticos, por la que se asesinó o ajustició a 130.199 republicanos durante la guerra (en la zona republicana fueron ajusticiadas 49.272 personas) y aproximadamente unos 50.000 más en la posguerra. Cifra a la que pueden añadirse 270.719 detenidos en 1940 en cárceles y campos de concentración, 450.000 exiliados y decenas de miles de empleados públicos depurados. Durante esta fase se practicó una política económica intervencionista que fue un rotundo fracaso. Hasta 1951 no se recuperó el PIB de 1935; hasta el Plan de Estabilización de 1959, la renta per cápita permaneció por debajo de la de 1935; el nivel salarial de ese año no se alcanzó hasta 1955. Fueron años de sobrexplotación de la fuerza de trabajo, miseria, hambre y corrupción. La importancia del mercado negro (sobreprecio de los precios oficiales) y del estraperlo fue tal que enriqueció a afines al régimen y produjo una gran acumulación de capitales. En contrapartida, la altura media de los españoles disminuyó.
LA SEGUNDA etapa (1957-1969) estuvo caracterizada por la consolidación del régimen. Tras la derrota de las potencias fascistas, el franquismo fue explícitamente condenado por la ONU en 1946, pero las vicisitudes internacionales de la guerra fría ayudaron a su institucionalización, auxiliado políticamente también, por la dictadura salazarista portuguesa, el régimen populista argentino de Perón y el Vaticano. Sin embargo, el gran valedor internacional de Franco fue EEUU: Acuerdos de Madrid de 1953 y visita del presidente norteamericano en 1959. Ante el fracaso de la autarquía, Franco, en 1957, colocó en las áreas económicas del Gobierno a tecnócratas del Opus Dei que aplicaron una política económica liberalizadora y desarrollista.
Se produjo un gran desarrollo económico fruto de esta política y de un resto de factores que confluyeron: la expansiva coyuntura económica internacional; los excedentes de fuerza de trabajo que abarataron los costes de producción; las remesas de divisas que enviaron los numerosos emigrantes desde Europa; una elevada inversión europea y la nube de oro estacional proveniente del turismo de masas europeo.
La última etapa, el tardofranquismo (1969-1975), estuvo condicionada por la decadencia física del dictador, el magnicidio de Carrero Blanco y por la incertidumbre de los franquistas para diseñar un futuro continuista más allá de designar al príncipe Juan Carlos de Borbón, como el heredero a título de Rey. El franquismo murió como nació, reprimiendo y ajusticiando a sus oponentes políticos (Puig Antich, ETA y FRAP). Eso fue el franquismo, un inmenso abuso de poder autoritario.

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