“Yo no moriré sentada en un sofá, Moriré de pie, con las botas puestas y el puño levantado para que los venideros lo recojan”
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| Concha Carretero |
María Torres. Tarsis Republicana, - 25 Junio 2011
“Yo no moriré sentada en un sofá, Moriré de pie, con las botas puestas y el puño levantado para que los venideros lo recojan”
(Concha Carretero)
En la guerra civil, la participación de la mujer republicana fue
crucial en muchos niveles sociales y políticos del país, no solo en
labores de retaguardia, sino tomando parte activa en la lucha y en el
combate contra los sublevados. Participaron en el campo de batalla, en
la resistencia clandestina, en las guerrillas armadas y desde el
interior de las cárceles.
Contribuyeron valiosamente con su lucha y su constancia para
recuperar los derechos que las mujeres habían conseguido en la República
y que fueron arrebatados por la dictadura franquista. Conquistas que
mejoraron la condición de vida de las mujeres en un duro y largo camino
hacia la igualdad entre hombres y mujeres.
Estas mujeres se forjaron sobre la marcha de los acontecimientos, y
desarrollaron al mismo tiempo una consciencia de pertenencia a una
generación, a un pueblo, a una clase social y a su género, consciencia
que les condujo al compromiso político y a la lucha por la libertad y la
igualdad.
Con casi 93 años, Concha Carretero es la memoria viva de todo aquello
que jamás debió ocurrir. Una mujer con ojos de guerra que sufrió la
tortura franquista y compartió prisión con las “Trece Rosas”, pero tuvo
más suerte que ellas.
Nació en Hospitalet, Barcelona, en 1918 y por pura casualidad. Su
padre, anarquista, fue acusado de atentar contra el rey Alfonso XIII en
su boda con Victoria de Battenberg, por lo que tuvo que huir de Madrid y
en esa huida su madre se puso de parto. Fue la mediana de tres
hermanos.
A los dos años, la familia regresa a Madrid. Su infancia fue
especialmente dura. Su padre apareció muerto en la calle y en lugar de
ser enterrado, se vendió su cuerpo en pedazos a estudiantes de medicina.
Su madre, Gregoria Sanz, trabaja en una portería y un día, limpiando el
foso del ascensor, se le cayó éste encima causándole el desprendimiento
de un riñón y cayendo gravemente enferma. Así que Concha, con apenas
diez años se ve obligada a trabajar para ayudar a la familia. Empezó en
una camisería como aprendiz, y después en una churrería, un taller de
costura, en el Hospital del Niño Jesús y más tarde en la portería que
regentaba su madre, que compaginaba con trabajos de asistenta en varias
casas de Madrid.
Al mismo tiempo, se integra en el grupo de teatro “Los Matutanes”,
dentro de la asociación cultural “Salud y cultura”, fundada por su
hermano Pepe y que recaudaba fondos para vecinos necesitados,
convirtiéndose en la actriz protagonista de los montajes del grupo.
Llegó incluso a recibir una propuesta para hacer una gira con otra
compañía de teatro más importante, pero su hermano se negó a que
aceptara el empleo y ahí terminó su carrera como actriz.
Con 14 años y a través de un amigo, que luego sería su novio, se
afilia a las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas). Su
tarea: vender el periódico de la organización y pegar pasquines. Al
disolverse las milicias, pasó a formar parte de las Juventudes
Comunistas, que en 1936 se unieron a las Socialistas formando las
Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), en las que acabó militando.
El inicio de la guerra civil la pilló haciendo ojales en una
camisería para la que trabajaba. Al producirse la sublevación fascista,
las mujeres de las JSU crean espontáneamente comités de ayuda a
milicianos y soldados republicanos, y Concha organiza talleres de
costura en el convento de las Pastoras, donde se empiezan a fabricar
prendas de todo tipo para el ejército republicano. Con 18 años se hace
responsable de la sección de jerséis, con cien mujeres a su cargo, que
trabajan todas sin cobrar y llegaban a producir 50 piezas diarias. Es
compañera y amiga de Julia Conesa y de Joaquina Laffitte, dos de las
después tristemente célebres Trece Rosas.
En 1937 Aquilino Calvo la encarga dirigir los “Pioneros de Madrid” un
grupo de mil niños que se encontraban en acogida cuyos padres luchaban
en el frente. Les daban clases de cultura general y educación física, y
entra a trabajar como tornera, haciendo estopines de artillería, en la
fábrica de Guerra y Experiencias Industriales.
Permanece en Madrid durante toda la contienda y en Marzo de 1939,
tras el golpe de estado de Casado, acude a la sede de las JSU con la
intención de destruir los archivos que pudieran comprometer a sus
compañeros, pero es detenida y llevada a la prisión de Ventas, de la que
sale en libertad el 27 de marzo de 1939, justo antes de que las tropas
de Franco entraran en la ciudad.
Concha participaba en la organización de un grupo clandestino y en
julio de 1939 es detenida nuevamente, cuando se encontraba en una
reunión clandestina, y llevada a la comisaría de la Carrera de San
Jerónimo. Allí comenzaron los interrogatorios y las torturas (la
golpearon, la aplicaron corriente eléctrica y placas calientes durante
24 horas hasta quedar inconsciente, la obligaban a limpiar la sangre de
sus camaradas, que habían sido torturados en las celdas contiguas).
Humillaciones y vejaciones indescriptibles que ella nunca llegó a
contarle a su madre para que no sufriera, aunque su progenitora las
imaginaba, pues recogió sus ropas ensangrentadas que conservó muchos
años porque decía que serían la prueba de tanta barbarie.
El 4 de agosto fue trasladada a la cárcel de Ventas. La feroz
represión franquista transformó Ventas en un “almacén de reclusas”,
amontonadas en celdas individuales. Los datos obtenidos, que no pueden
darse por definitivos, arrojan decenas de muertes por enfermedad o
suicidio y 78 fusiladas, entre las que destacan las Trece Rosas, siete
de ellas menores de edad, ejecutadas el 5 de agosto de 1939, la noche
siguiente a la llegada de Concha, en muy mal estado a causa de las
torturas sufridas. Pasó dos días casi sin conocimiento, cuidada por sus
compañeras.
El denominador común de las presas de Ventas era ser “presas
políticas”, aunque en realidad en la mayoría de los casos su delito era
estar emparentadas (madre, esposa, hermana, hija) con hombres
perseguidos por el nuevo régimen. El franquismo contrapuso el modelo
“mujer-madre” al de “mujer degenerada”, asociada a la “miliciana” del
tiempo de guerra, para justificar el fuego purificador de la
“regeneración moral de la patria”, protagonizado por las “monjas
carceleras”, de nuevo reintroducidas en el sistema penitenciario.
A finales de 1940, es puesta en libertad pero ésta le dura poco. La
policía presiona e intimida a su madre y Concha se entrega el 17 de
enero de 1941. Entonces es golpeada y encerrada desnuda en una celda
fría y húmeda donde pasa la noche. Intenta moverse para entrar en calor,
pero es regada con agua cuatro veces y golpeada otras tantas. En mitad
de la madrugada la hacen pasar por un simulacro de fusilamiento. Es
transportada en un coche hasta la tapia del cementerio del Este, la
bajan del coche totalmente desnuda, le muestran con linternas las marcas
de los disparos en el muro que han dejado los fusilamientos de sus
compañeros y le dicen que pronto habría uno más: el suyo. Trasladada
posteriormente a la galería de penadas de Ventas, permanecerá
incomunicada durante varios días, hasta que la instalan en una celda de
castigo sin agua ni retrete, donde contrae una enfermedad ocular que se
hará crónica y la acompañará toda la vida.
Un mes después, con 23 años recién cumplidos, sale en libertad y el
panorama que se encontró fue desalentador. Su madre enferma está
viviendo en los soportales de la plaza de toros de las Ventas y pidiendo
limosna para poder comer ya que sus abuelos se niegan a acogerla por
miedo a represalias. Tras pasar varios días con su madre en la calle,
comienza a trabajar como asistenta y con la ayuda de un contacto de unas
de las casas en las que está sirviendo, consigue sacar a sus hermanos
de la cárcel, ya que ambos también habían sido detenidos. Pepe estaba
dirigiendo las guerrillas de Ponferrada y Luís estaba en el Socorro Rojo
ayudando a las familias.
En mayo de 1942 embarazada de su novio, deciden vivir juntos, pero en
diciembre éste es detenido y fusilado. Concha se convierte en una madre
soltera.
El 6 de marzo de 1944 se presentó ante el Juez de los Juzgados de
Masonería y Comunismo para escuchar la resolución final de su condena.
Acudió con su hija Diana de apenas un año y allí, mientras sostenía en
brazos a su hija, le confirmaron la pena de muerte, de la que
posteriormente fue indultada, pero que en absoluto acabó con el
sufrimiento de Concha, ya que siguió estando en el punto de mira y los
registros en su domicilio eran constantes. Confiesa que el sufrimiento
terminó cuando murió el dictador.
Concha vive en Madrid, rodeada de sus cinco hijos, catorce nietos y
diez biznietos, y a pesar de su edad sigue siendo una mujer
comprometida, defendiendo los mismos ideales de libertad y justicia
social que la llevaron a la cárcel.
“En el año 39 empecé una lucha por un mundo sin hambre, sin guerras y
en libertad. Esa es mi lucha. Estoy convencida de que no hay algo mejor
por lo que luchar. El camino es largo, pero hay que seguirlo”
(Concha Carretero)
María Torres.
Fuentes:
www.publico.es/espana/348956/concha-carretero-la-republica-es-el-bienestar-del-trabajador
www.javilarrauri.com/republica/concha_carretero.html
www.foroporlamemoria.info/documentos/2004/mujeres_encarceladas_27022004.htm
www.foeminas.lugo.es/2007/Enero/trocadoras.htm
- “La lucha es tu vida”, Carlos Fernández Rodríguez (Fundación Domingo Malagón, 2008).
- “Mujeres encarceladas. La prisión de Ventas de la República al
franquismo, 1931-1941”, Fernando Hernández Holgado (Marcial Pons, 2003).
http://www.youtube.com/watch?v=0SDcahnodxw&playnext=1&list=PL5FBA172F80D93AC6
http://www.youtube.com/watch?v=Hj71NzX11IA&feature=BF&list=PL5FBA172F80D93AC6&index=3
http://www.youtube.com/watch?v=IiOBu0Uu670&feature=BF&list=PL5FBA172F80D93AC6&index=1
http://www.youtube.com/watch?v=0SDcahnodxw&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=ePQx8UJFvxk
http://ateneotarsisrepublicana.blogspot.com/2011/06/concha-carretero-sanz.html