El antropólogo forense Manuel Polo participa en las jornadas sobre la memoria histórica
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| Manuel Polo(d) y Francisco Sánchez, ayer en las jornadas |
F.J.M. / Teruel 28 Abril 2011
“La
genética no siempre puede resolverlo todo para la identificación de
personas en las fosas comunes”, indicó ayer Manuel Polo, coordinador del
grupo de antropología forense de Paleolab, un equipo multidisciplinar
que trabaja en la recuperación e identificación de desaparecidos durante
la represión franquista. A mediados de mayo serán los encargados de
exhumar los restos de la fosa común de Mora de Rubielos.
Polo
participó ayer en las VII Jornadas sobre la memoria histórica
organizadas por la Asociación Pozos de Caudé, en una sesión que
pretendía acercar a los ciudadanos el conocimiento sobre cómo se llevan a
cabo los trabajos de exhumación de represaliados durante la guerra
civil y la posterior posguerra.
El especialista aseguró que la identificación genética no siempre da resultados positivos, ya que a veces los restos están muy contaminados y es imposible obtener material para hacerlo.
El especialista aseguró que la identificación genética no siempre da resultados positivos, ya que a veces los restos están muy contaminados y es imposible obtener material para hacerlo.
El
equipo al que pertenece Polo es el que exhumó los cuerpos de los
represaliados de la fosa de Alcalá de la Selva hace unos años, y ahora
se dispone a llevar a cabo la misma tarea en otra fosa localizada en
Mora de Rubielos, cuyos trabajos se iniciarán a mediados de mayo.
Los
restos de las diez personas que se esperan encontrar en esta fosa
pertenecen al mismo grupo de los represaliados en Alcalá, cuyos
victimarios separaron en dos camiones y asesinaron en lugares distintos.
Los
represaliados fueron víctimas de una venganza ordenada en 1947, año en
el que el general Pizarro endureció en la provincia la persecución
contra los guerrilleros. En el caso de Mora de Rubielos sus cuerpos no
fueron enterrados por los guardias civiles para que su exhibición
sirviera de intimidación a la población civil y a los maquis, pero días
después alguien los enterró en una fosa, cuya ubicación exacta fue
descubierta recientemente después de que el presidente de la Asociación
Pozos de Caudé, Francisco Sánchez, llevara seis años buscándola.
ARICO

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