sábado, 20 de marzo de 2010

Pues habría matado usted a dos: Al padre y al hijo”

Marta Segura
El presente testimonio lo escuché, en la época de mi adolescencia, de labios de Enrique, mi padre.
Él nació en el 21: tendría ahora 88 años y medio; pero en la época en que ocurrió esto que os narro, su edad se encontraría entre los 20 y los 25 años.
Si me hubiese dado cuenta de que se estaba aproximando la hora, no habría pasado por allí, pero con este eterno despiste mío, me vine a apercibir en el último momento.
Y ahí estaban los infantes, cuadrados ante la puerta de Capitanía, el corneta, dispuesto a tocar, y el cabo, en el balcón, preparado para arriar la bandera.
Me percaté demasiado tarde, di la vuelta, dirigiéndome al Banco de España, por si podía refugiarme en el umbral para evitar tener que saludar, pero no me dio tiempo. La gente de la calle ya se encontraba detenida con el brazo en alto cuando Manuel Vidal me atajó el paso.
-      Oye, tú, ¿es que no vas a saludar a la bandera?
-      Yo no soy militar – repuse mientras intentaba aparentar una calma que me encontraba muy lejos de sentir.
-      ¿Tú no eres militar? ¿Tú no eres militar? ¡Tú eres un desgraciao! ¿Y si yo empezara a darte hostias, qué? ¿Seguirías diciendo que tú no eres militar? ¿Y si yo empezara a pegarte hostias hasta dejarte en el sitio? ¿Qué? ¿Qué pasaría? ¿Eh? ¿Qué pasaría?
-      Pues pasaría que habría matado usted a dos: al padre y al hijo.
Se quedó parado en seco, clavándome la mirada con odio – los ojos del verdugo – No sé cómo, pero el caso es que sostuve su mirada. Apretó los dientes mientras la desviaba. Bajé entonces la mía hacia sus puños, más apretados aún que las mandíbulas.
Dio media vuelta y se marchó sin decir nada más.
Entonces, consciente por primera vez del peligro que había corrido, también yo volví sobre mis pasos, caminando enérgicamente al principio; después, las piernas comenzaron a aflojárseme; empecé a sentir náuseas… Como pude, me apoyé a la pared mientras que las arcadas me sacudían… no podía llorar, aunque era eso lo que con más fuerza deseaba, no podía caminar, no podía, apenas, tenerme en pie…  sólo podía vomitar. Quizás quienes me miraran pensasen que estaban ante un borracho, ¿qué más daba? Después de vaciar lo poco que llevaba en el estómago, continué un rato sintiéndome estremecer cada vez que echaba un poco de bilis… cada arcada era más dolorosa que la precedente, sentía el esófago quemado por las brasas…
Saqué el pañuelo para limpiarme y empecé a caminar con paso vacilante, mientras un gustillo agrio perduraba en mi paladar: era el sabor del miedo.

lunes, 15 de marzo de 2010

La resistencia de los Quero

Hermanos Queros



FERNANDO VALVERDE - Granada – El País edición Andalucía

El 4 de agosto de 1944, en la calle Maestro Alonso de Granada, los cuatro hermanos Quero, líderes de un destacado grupo guerrillero antifranquista, entraron en el domicilio de Pedro Segura, juez de la Auditoría Militar de Granada. Querían presentarle sus respetos y una carta de amenaza en mano. “Somos los hermanos Quero”, dijeron al juez, que pudo ver sus rostros. “A nosotros es a quien tiene que perseguir”. El motivo de la visita no era otro que conseguir la libertad de dos jóvenes inocentes que habían sido detenidos acusados de tener relación con ellos.

Así actuaban los hermanos Quero (Antonio, José, Pedro y Francisco), con contundencia y descaro, con lealtad y firmeza. Sus acciones corrieron como la pólvora por los portales y las escaleras de una ciudad de provincias en plena posguerra que trataba de sobrevivir a la oscuridad. “Para las autoridades franquistas los hermanos Quero eran delincuentes políticos, como todos los guerrilleros antifranquistas que luchaban en las sierras españolas. Para un importante sector de la sociedad, en cambio, eran héroes”, explica Jorge Marco, autor del libro Hijos de la guerra: los hermanos Quero y la resistencia antifranquista, que acaba de ser publicado por la editorial Comares.
La historia de los Quero araña el mito hasta gastar las uñas. Tras alistarse en la 78 Brigada Mixta, una brigada del ejército regular que apenas entró en combate y que estuvo destacada en Diezma y en Guadix, tuvieron que comenzar a malvivir en una ciudad hostil, en un país que ya no era el suyo. Aunque antes de la guerra no tuvieron ningún tipo de militancia política, la tragedia trajo consigo su politización, que los unió definitivamente a la causa republicana.
Una vez derrotado el ejército, tras unos años de supervivencia, comenzaron a guerrear contra el régimen con acciones espectaculares que buscaban desprestigiar a las autoridades, mostrar su debilidad y obtener fondos para las familias represaliadas de republicanos. El 20 de agosto de 1941 secuestraron al general Eduardo Entrala Ríos en la calle Alcantarilla, metiéndolo en un coche. Lo mantuvieron oculto durante tres días y cobraron una recompensa de 500.000 pesetas, una cantidad desorbitada en la época.
El 3 de mayo de 1944, día de la Cruz en Granada, propiciaron un tiroteo sin precedentes en el Paseo del Salón, cuando trataban de recoger el dinero de un atraco ante una multitud de personas. Tres meses después, se produjo la famosa visita al juez militar. Esa misma noche, secuestraron al médico Baldomero Bueno López, al que retuvieron varios días. Una nota en un periódico local en la que puede leerse “vendo radio gramola nuevo. Razón: Natalio Rivas 46 a 50″ fue la señal de que iba a pagarse el rescate.
El 6 de julio de 1945, los Quero realizaron dos acciones. Por la mañana secuestraron al banquero Manuel Rodríguez-Acosta en su propia casa. El secuestro se resolvió en unas horas y consiguieron 250.000 pesetas. Esa misma tarde secuestraron en la calle Gran Vía al empresario Andrés Sánchez Montes. Por la noche, ya tenían 250.000 pesetas más. En un día recaudaron 475.000 pesetas para la resistencia.
Al parecer, el propio Franco se interesó por el caso de los Quero, que empezaba a ser tan sonado como molesto. Aquellos guerrilleros que bajaban a la ciudad para sembrar el pánico y regresaban a las montañas, donde eran tratados como héroes. En su despacho, el Caudillo guardaba en un cajón los expedientes de seis maquis. Dos de ellos eran Quero.
“Su espacio de acción fue el urbano, algo poco común en la resistencia antifranquista española, y, además, la espectacularidad y osadía de sus acciones no tenía parangón en España”, explica Jorge Marco.
Los hermanos, ya convertidos en leyenda, hicieron un pacto: No iban a dejarse coger vivos, se suicidarían antes de que esto ocurriera. Y así parece que ocurrió.

martes, 9 de marzo de 2010

Antonio

Antonio tiene 93 años. Lo movilizaron en el 37, próximo a cumplir los 20.
“Poco antes de que me llamaran a filas, había ocurrido lo del Jaime.

Allí estaba mi tío Ángel. Lo habían destinado a ese barco al año de empezar la Guerra. Lo habían herido cerca de Almería, y mientras el barco estaba en reparación, él se encontraba en el Hospital Militar. Con ese carácter que tenía, no soportaba estar todo el día allí encerrado, y por eso, muchas veces se salía de la habitación, y claro, con la falta de camas que había… pues le dieron el alta antes de tiempo. Se volvió a incorporar y le pilló dentro del barco el día del sabotaje.
Estábamos comiendo cuando oímos la explosión, mi padre dijo: “Eso ha sido el Jaime”. Si tenía que ser, si sabíamos todos que ese barco estaba sentenciado, que se encontraba en el punto de mira de los fascistas por lo que había pasado en el 36 con los oficiales…  Y echamos los dos a correr. Él se fue poniendo la guerrera por el camino, y yo le eché mano a la chaqueta con el brazalete de la Cruz Roja. Nos tiramos carretera abajo, en dirección a Cartagena (Vivíamos en Los Molinos, por detrás de la Iglesia).
En los controles, al ver a mi padre con el uniforme de sanitario y a mí con el emblema de la Cruz Roja, nos dejaban pasar.
Me dieron una caja con morfina, y yo iba pinchando a los heridos, y volviéndoles la cara, para ver si alguno de ellos era mi tío… pero mi tío no aparecía. Casi todos morían. Estuvimos no sé cuánto tiempo ahí, en el muelle, atendiéndolos de primeras, hasta que aparecían los camilleros y se los iban llevando. Cuando terminamos lo más urgente, dijo mi padre: Vámonos a casa, que la mamá estará sufriendo.
Cuando llegamos, no le dijimos nada. No hacía falta. De sobras se imaginaba lo que había pasado… Ella había preparado la cena por la mañana, al mismo tiempo que la comida, para adelantar el trabajo. Y había hecho letones con tomate… No pudimos comer…
…………
………….. La mía era la 21 Brigada Mixta. Fuimos en tren para Valencia, y con nosotros movilizaron también a la Quinta del Biberón. Al llegar a alicante, las mujeres dejaban las casas para ir a la estación a llorar, porque se llevaban niños al frente.
Al llegar a Valencia nos recibió una escuadrilla de aviones fascistas. Empezaron a bombardear, y toda la gente corría de un lado para otro. Los de Cartagena éramos los que estábamos más tranquilos, porque nosotros ya teníamos costumbre de los bombardeos, pero iban muchos que no habían estado nunca en ninguno, y temblaban de miedo.
De momento, en Valencia, me mandaron al Cuartel General de Sanidad. Me destinaron a ambulancias, y estaba un día franco y otro de guardia. Después, fui al frente de Granada, pasando por Almería. Estuve en Berja, y de allí me mandaron a a Guadix, al hospital. Allí había un médico que era de Almería y se llamaba Don José Rubí Salmerón. Ese médico tenía un compañero médico que se hallaba detenido en San Miguel de los Reyes, un penal que había en Valencia,  pero su mujer estaba en Guadix. Pues el médico me dijo: “Martínez, yo no te lo mando, pero si tú quieres hacerme este favor, te lo voy a agradecer. En tal sitio, la Señora tiene una apendicitis supurada. Si tú quieres hacerte cargo de eso,  porque como es fascista, nadie quiere ir a curarla; pero si tú quieres, pues te llevas del Hospital el alcohol, el algodón, los enseres que necesites y la curas” Y así lo hice. ¡Qué me iba yo a imaginar entonces lo que el agradecimiento de esa mujer me iba a suponer!
Aunque mi destino estaba en Guadix, me mandaron una temporada a Baeza. Allí mandaban a los que tenían sarna. Los metíamos en unos bidones anchos, de 100 litros, con carburo y agua, tres días y los devolvían después al frente. No había ningún sanitario cerca, y por eso me mandaron a mí.
En el Hospital de Guadix estaba al final del conflicto. Al llegar los fascistas pasaron con un coche con altavoces pregonando que todos los personajes militares “de la época del horror” tenían que presentarse en la iglesia. Guadix es, posiblemente, la ciudad de España que más iglesias tiene, pues en cada calle había una iglesia. Nos metieron allí y nos tuvieron 3 días sin tomar alimentos de ninguna clase, ni siquiera agua. A los 3 días nos sacaron de la iglesia a los auxiliares y nos hicieron desfilar flanqueados por dos filas de una compañía, apuntándonos con ametralladoras.
Nos llevaron al campo de concentración, que estaba en Motril, en la provincia de Granada. Había sido una fábrica de azúcar, o quizá de esparto… y dentro del campo había una casa, una especie de palacete, donde se supone que residirían los jefes de la fábrica.
Separaron al personal de Sanidad del resto de la gente, con el fin de que nos hiciéramos cargo de los enfermos propios, y a nosotros nos correspondió la casa, separados de los demás.
Hacía un frío espantoso, porque estaba toda llena de azulejos finos. Y allí encima dormíamos, sin mantas ni nada.
Entonces, la señora que curé se había puesto bien y vino a verme, montada en un burro, y llegó a Benalúa para agradecerme lo que había hecho por ella. Hizo un aval a mi nombre.
En el campo de concentración había 5000 hombres y yo fui el primero en salir del campo, gracias al aval que esa señora me hizo. Fueron metiendo en la casita a los que estábamos en esa situación, y de día nos dejaban salir, teniendo que volver al campo por la tarde. Allí, en el pueblo, hice amistad con una muchacha que trabajaba en una panadería, y salíamos a pasear y a tocarnos el culo por ahí… gracias a esto, paliaba el hambre. El padre quería que pasara a hablar con él, pero entonces vino la orden de ponerme en libertad. Me dieron un pasaporte, y en compañía de un compañero que había estado conmigo también en el Hospital, cogimos el tren para Cartagena.
Al llegar a la estación de Los Molinos, bajamos los dos, y al pasar por la Calle del Apeadero, el dueño de la tienda de ultramarinos de la esquina, me reconoció, y cuando mi padre subía para la casa lo llamó y le dijo “Don Enrique, haga el favor” y él volvió “¿Qué le pasa?” – “Que su hijo está en su casa” – “¿Cómo va a ser?”
Tuve suerte de salir pronto del campo, gracias al aval de esa señora. Si no, no sé cuánto tiempo me habrían tenido encerrado.
Después de que mataran a mi padre, vino la mili… que tras de dos años de guerra, todavía me esperaban otros dos años de servicio militar. Me mandaron a San Fernando, y después de un mes, a Cartagena. Aquí tuve la suerte de que un capitán médico me llamara para la enfermería, porque me conocía de cuando había estado de meritorio en el Hospital Militar, antes de la Guerra. Gracias a eso no se me hizo la mili más dura, pero es fácil imaginarse lo mal que me lo pude pasar esos dos años, trabajando con toda aquella gente, los mismos que habían matado a mi padre… nada se podía hacer, sólo callar. Tragar y callar.

domingo, 7 de marzo de 2010

Memoria de un Pueblo. Alhama, un alcalde y un almirante, frente a frente

Relato del acto del socio de MHC  Floren Dimas
Abrió el acto Juan Romero, concejal de IU en el ayuntamiento de Alhama, organizador de la conferencia, presentando al ponente del acto, el profesor Egea Bruno y al introductor de la disertación, Floren Dimas, investigador y memorialista, quién situó la conferencia dentro del actual movimiento memorialista que imparablemente se extiende por toda España.


Egea Bruno realizó un magistral paseo por la historia local de Alhama, enmarcada en momentos sucesivos de ilusión y esperanza, representados por el advenimiento de la II República, anhelos populares subvertidos por la sublevación fascista de 1936, que dió al traste con proyectos, ya iniciados, como la conducción del agua del Taibilla a Alhama y Cartagena, un proyecto republicano de que fue dinamizador  local el alcalde Ginés Campos, cuyos méritos fueron detentados posteriormente por el almirante Bastarreche, quién utilizó a los prisioneros republicanos como mano de obra esclava, para terminar la obra de condución de los canales hasta el Arsenal y la población de Cartagena. Ginés Campos fue fusilado y Francisco Bastarreche todavía tiene en Alhama una estatua y una plaza que lleva su nombre, como otros personajes fascistas. La conferencia, preparada sobre un didáctico soporte audio-visual, causó agrado y sorpresa entre los asistentes que, al final del acto, se mostraron muy participativos haciendo varias preguntas al ponente. Finalmente y en un cercano restaurante, algunos de los promotores y participantes en la charla, entre los que se encontraban el ponente y algunos familiares de Ginés Campos, compartieron una cena muy animada.

La campaña de senbilización por la recuperación de la Memoria Histórica de Alhama de Murcía, prosigue con su reivindicación de un monumento, elevado sobre una información pedagódica sobre la trayectoria republicana del alcalde alhameño ejecutado por el franquismo, y de la experiencia social representada por un pueblo ilusionado y comprometido con la II República. Se pretende acabar al propio tiempo, por la presencia en Alhama de todos los símbolos franquistas, por incoherentes con una sociedad democrática, que no puede permitir la exaltación pública de principios antidemocráticos.

sábado, 6 de marzo de 2010

Cartel sobre Bastarreche en Alhama de Murcia

Saludos compañeros,
Envío el cartel que ya se puede ver en las principales calles de Alhama de Murcia, donde el almirante Bastarreche goza de bastante popularidad.
Atentamente,
Jose Luis García

viernes, 5 de marzo de 2010

Dolores

Dolores nunca ocultó a sus hijos los hechos de la Guerra Civil ni los de la Posguerra.
Tiene más de 91 años y cuenta con una memoria prodigiosa.
Su tío, con el que vivía, por ser huérfana de padre desde muy pequeña, era republicano de los de Lerroux, y estuvo mucho tiempo en la cárcel por ese motivo.

“A mis hijos, a los 10 años, cuando empezaban el Bachiller, yo los reunía y les contaba las cosas. Tétrica no, pero les contaba la verdad…
Fueron todos tan cobardes, te digo… los de Franco. Fueron tan cobardes, porque no firmaban ningún aval, porque yo he ido, yo, a muchos sitios, con 17 años, y me encaraba… me encaré con el Presidente de la Junta de Obras del Puerto, que estaba ahí por mi tío, y fui a pedirle un aval, porque a él, en la guerra, lo iban a fusilar, y mi tío le ayudó para que escapara, y cogió y se fue…  Se fue, y volvió de la guerra, y se fue otra vez a su puesto. Y fui a verlo para que me diera un aval para mi tío, cuando lo iban a juzgar, porque aquí, en Cartagena, pocas personas me dieron avales. Nadie, porque eran unos cobardes; entonces yo me fui a Murcia, fui a todos los pueblos de Murcia, en todos los pueblos me recibieron muy bien, menos aquí. Le dije a ese señor, cuando me dijo que no me podía firmar, que no podía firmar, porque tenía miedo y tal y cual, le dije de todo… Yo salí llorando pero antes le dije  – Se morirá usted de un cáncer, por malo… – Oye, y luego se murió de un cáncer. No se murió porque yo se lo dijera, pero…
Cuando terminó la guerra, había muchas personas que a mí no me saludaban, claro, porque yo era roja… no me saludaban. Y un día me lo encontré, me encontré a la mujer, que tenía dos hijas, dos niñas muy gordicas, de estas niñas cursis que había antes, que iban con el bolso, y tal y cual, el bolsito… niñas cursilonas, ¿sabes? Y me las encontré en la confitería, y yo que digo, si éstas son las… las hijas de ese tío que no me quiso dar el aval… ¿pero será posible que éste esté aquí? Y claro, seguían todavía. Yo me salí. Me salí y dije: volveré cuando no esté. No sé si siguió mucho tiempo porque por aquel entonces yo vivía en Los Dolores y por aquí, por el centro, no tenía amistad con nadie.
Sentía un dolor muy grande cuando veía que me hacían el vacío porque era roja… Y mi tío, el pobre, con tanto bien como había hecho por tantas personas… Él sacó a mucha gente; muchísima gente. Y aunque todo eso, en  el juicio que le hicieron aquí, constó, pues nada, como el juzgado era militar… por eso yo odio a los jueces, a los fiscales, los odio. Menos mal que mis hijos, ninguno ha querido ser abogao, ni juez, ni nada.
Es que nada era verdad… los juicios no eran verdad. Una excusa, exactamente, no era verdad; todo una mentira; teatro, era teatro, una excusa para matarlos o para mandarlos a la cárcel, pero que ya sabían, antes del juicio, lo que iban a hacer.
A mi tío no lo detuvieron… no fueron por él. Una mañana, estando ahí en Los Dolores, cuando yo me levanté me llama, dice – Mira, me voy…- Me dio un beso… y… porque iba a ir Don Pedro Soler… yo no sé si tú lo has oído nombrar, que era médico… ginecólogo… Bueno, mi tía tenía una fístula y tenía que ir a él, y por qué no, iba a ir ese día, y dice -  Mira, es que va a venir Don Pedro, a ver a la tía… – y le dije – ay, ¿y por qué no…? – dice -   Mira, es que me voy a Murcia. Me voy a Murcia, que no tengo más remedio que irme… -  ya habían detenido a mucha gente. – Pero esta noche no voy a volver – ¿No?, ¿ay, no vas a volver, pa curar…? – pues nada, tú te aclaras con él – claro, Don Pedro sí sabía a lo que iba. – Fue a entregarse a comisaría en Murcia, para que no fueran a la casa a detenerlo. Pero volvió, a otro día volvió y luego ya fue él, y se presentó en la cárcel para que no fueran a detenerlo. Estuvo cuatro años detenido, que yo iba todos los días a llevarle la comida a San Antón.
Fue horroroso. Lo que es menester es que no vuelva a ocurrir más, en la vida…
Ha habido mucha gente que no le ha querido contar a los hijos… pero yo, a los míos, sí. Yo a los míos se lo conté todo, para que supieran lo que habíamos pasado.
¿Y los curas? ¡Menuda caridad cristiana! Yo también fui a pedir un aval a Don Tomás Collado, para mi tío, y me dijo que no, que no podía hacer eso, porque era, que tal, que cual… y yo lo sentencié… y luego, mi marido era muy amigo de Doña Trinidad, y ahí iba Don Tomás, de visita a su casa… iba ahí y todo el mundo le besaba  la mano, y yo nunca le besé la mano – Buenas tardes – y un día me dijo doña Trinidad – Hija, ¿no saludas a Don Tomás? – Sí, yo lo saludo, cuando entro y cuando me voy, pero yo no le beso a nadie, nada más que a Dios –
¿Y Las procesiones que había entonces? Te voy a contar lo que me pasó a mí en Los Dolores: Yo era Hija de María, porque había sido alumna de San Miguel. Claro, al irme a Los Dolores, cuando ya la iglesia funcionaba y eso, pues, seguía siendo Hija de María, iba a las reuniones… Bueno, y un día hubo una procesión; sacaban a la Virgen, y la organizadora de las Hijas de María nos dijo – Pues tenéis que venir – Yo no quería ir, porque nunca me han gustao las procesiones… vamos, ir en procesión… y además, es que había que ir cantando – Pues sí bueno, pues tal – que me convencieron y fui, y le dije a Paquita – Bueno, pero yo no levanto el brazo ¿eh? – Porque entonces levantaban el brazo hasta en las procesiones – No, pues tendrás que hacerlo – Catalina, una amiga de allí, que vive en Toledo – digo – Bueno, pues no lo hago – Pues te echarán – Pues que me echen – Fui a la procesión. Y nada, cuando llegó el momento, que todas con el brazo en alto, yo no lo levanto. Y se acerca una, la mandamás – Oye, ¿por qué no levantas el brazo? – digo – Porque yo no levanto el brazo, que en las procesiones no se levanta el brazo. Venimos acompañando a la Virgen, yo no levanto el brazo. Si hay que irse, me voy – Y como me vio decidida, dice – Bueno, sigue,  pero debes de hacerlo. Así que otro día lo haces – digo – Bueno, ya veremos otro día – Yo no levanté el brazo. ¿Por qué iba yo a levantar el brazo?
Es que en Madrid no levantaban la mano… en Madrid, no. Eso era nada más que en Cartagena. En Madrid se levantaba antes, pero eso era sólo al principio. Aquí se siguió haciendo muchos años.
Yo no lo levantaba, cuando llegaba a Capitanía y alzaban la bandera, entonces daba media vuelta y me volvía. Nunca me llamó nadie la atención, pero si me la hubieran llamao habría dicho que no tengo por qué levantarla. Yo no tengo que levantarla, yo no soy militar, y mi familia tampoco. Pero bueno, hasta bien poco, la gente levantaba la mano, hasta bien poco, hasta bien poco.
Y eso tenía que haber hecho todo el mundo, pero tenían miedo, tenían mucho miedo… Y por eso aguantó Franco tantos años, por el miedo. Porque la gente, por tanto temor como había, ni se atrevían a contar nada a sus propios hijos. Y por eso, los jóvenes de ahora no tienen ideología ni nada… y por eso ganan las elecciones las derechas aquí en Cartagena, y en Murcia, y en Valencia, porque el miedo de los padres ha hecho que los hijos, que los nietos, nunca sepan la verdad. Por eso yo no me callo. No me callaba entonces, y mucho menos ahora, porque nunca hay que tener miedo de decir la verdad.

jueves, 4 de marzo de 2010

1.850 fosas en el primer mapa de la tragedia

NATALIA JUNQUERA - Madrid – El País

Más de 70 años después del fin de la Guerra Civil, aún quedan en España miles de fosas comunes en las que yacen decenas de miles de víctimas. El único censo nacional de desaparecidos que existe, el que las asociaciones de familiares llevaron al juez Baltasar Garzón en octubre de 2008, tiene 133.708 nombres. Para elaborar un mapa de fosas y cumplir uno de los artículos de la Ley de Memoria Histórica (2007), el Gobierno pidió ayuda a las comunidades autónomas, pero sólo ocho, todas gobernadas o cogobernadas por socialistas, han firmado un convenio para facilitar al Ejecutivo datos de las localizadas en su territorio. El objetivo es que ese rastro de la tragedia se pueda consultar en una web en el futuro.


La mayoría de estas comunidades llevaba ya tiempo trabajando en ese mapa y algunas, como Cataluña o Aragón, desde mucho antes de que existiera la Ley de Memoria. Todas se están apoyando en el trabajo de las asociaciones de víctimas y en equipos de las universidades que financian con su presupuesto autonómico.
- Cataluña no delega. La Generalitat presentó en 2008 un primer mapa con 179 fosas, a las que han ido añadiendo más, hasta 244, aunque, de momento, sólo 89 han sido confirmadas. La estimación del número de víctimas en esta comunidad asciende a 9.000. María Jesús Bono, directora general de Memoria de la Generalitat, explica que por la evolución del conflicto, la mayoría son fosas de soldados republicanos. “Pero a diferencia del resto del Estado, las primeras fosas que hay en Cataluña son fosas de la represión republicana”. Han recibido 32 peticiones de exhumación o dignificación de enterramientos clandestinos. “La gran diferencia aquí es que la Generalitat no delega la responsabilidad en víctimas o asociaciones, sino que asume los trabajos de localización y exhumación y su coste”, explica. Cataluña cuenta, además, con un registro de desaparecidos de la guerra que tiene ya 3.400 nombres y destinó 11 millones de euros a proyectos de memoria histórica entre 2005 y 2009.
- Aragón: las fosas son yacimientos arqueológicos. Su mapa de fosas arrancó en 2006. Ya han localizado 519, que dividen en seis categorías, según las víctimas: “De la represión rebelde” (247); “de la represión republicana” (119); “militares” (restos de soldados fallecidos en combate: 119); “de combates o bombardeos” (9); “relacionadas con la lucha guerrillera” (17) y de “tipología especial” (8). Para elaborar el mapa, según explica una portavoz, el Gobierno aragonés recogió documentación de historiadores y asociaciones y envió a un equipo de técnicos a 1.150 localidades -entre ellas, una treintena de pueblos ya deshabitados-, para buscar testimonios. Esta comunidad es una de las pocas con su propio protocolo de exhumación. Y la única que considera las fosas “yacimiento arqueológico”, lo que las preserva de, por ejemplo, las obras.
- País Vasco: equipo pionero. El Gobierno de Euskadi ha localizado 53 fosas. Trabajan mano a mano con la sociedad de ciencias Aranzadi, a la que pertenecen los arqueólogos y forenses que han participado de forma altruista en la mayor parte de las fosas que se han abierto en España desde 2001. Inés Ibáñez de Maeztu, directora de Derechos Humanos del Gobierno vasco, explica que las asociaciones de familiares juegan “un papel muy importante a la hora de aportar información” y que “pese a las estrecheces económicas” siguen subvencionando proyectos de recuperación de la memoria “como una forma de acabar con el silencio, el olvido y la indiferencia”.
- Extremadura: comisario por la memoria. Esta comunidad empezó a buscar a sus desaparecidos de la guerra en 2003. Ha localizado 172 posibles fosas en las que calcula que puede haber restos de 241 víctimas. “La relación de represaliados tiene alrededor de 12.000 nombres, pero hay otra represión no escrita, que requiere una investigación pueblo a pueblo. Lamentablemente, cada vez tenemos menos testimonios orales de primera mano: el que enterró los cuerpos, el que vio cómo los enterraban… ya ha muerto”, explica Cayetano Ibarra, comisario de la memoria histórica en Extremadura. “Además, hubo quien, a finales de los 70, por miedo, se deshizo de los restos de fosas en fincas de su propiedad”.
- Andalucía: nadie se atreve a dar una cifra de víctimas. Tiene, como Extremadura, la figura del comisario de la memoria, y un inventario de 595 fosas, la mayoría (118) en Huelva. Los expertos no se atreven aún a dar una estimación de la cifra de víctimas.
- Asturias y Cantabria: alianza con la Universidad. En Asturias se han localizado 267 fosas desde 2003. Una profesora de historia contemporánea de la Universidad de Oviedo coordina los trabajos de investigación, para los que ya han previsto 30.000 euros. El Gobierno cántabro ha contratado a un equipo de la universidad para que corrobore la información que ha recibido de ayuntamientos, asociaciones y particulares sobre posibles ubicaciones de fosas.
- Castilla-La Mancha: empezando. Aún no aporta cifras, pero el Gobierno castellano-manchego ya ha comenzado a trabajar en el mapa de fosas reuniéndose con asociaciones de memoria.

El franquismo enterró a 349 niños en la fosa de Málaga

M.FERNÁNDEZ / A. MUNÁRRIZ – MÁLAGA / SEVILLA
La fosa común de Málaga, de la que han sido exhumados restos de 2.840 personas, acogió los cuerpos de 349 niños muertos de hambre, enfermedades o heridas. Así lo recoge el informe de la excavación de las ocho fosas y el patio civil del cementerio de San Rafael, el mayor enterramiento de la Guerra Civil y la represión abierto hasta hoy.
La cifra de 349 niños se refiere a críos menores de diez años, según la Consejería de Justicia. Murieron la mayoría en 1937 y en años inmediatamente posteriores.
No siempre eran descendientes de enterrados allí. Bastaba con que fueran hijos de quienes eran rojos a ojos de los rebeldes, que los inhumaban en la fosa sin apenas control. “Un niño que iba a la cárcel con su madre, si moría de hambre o tifus, iba allí. Uno muerto en un bombardeo, también”, explica una fuente de la investigación. Más de un tercio de estas víctimas infantiles (132) estaban en el sector 8, donde abundan las inhumaciones en féretro de cuerpos llegados desde la prisión provincial.
Aparte de los 349 niños, se han exhumado cadáveres de 1.138 hombres y 89 mujeres. Del resto de cuerpos (1.262 más), no se determinó el sexo. Hasta el momento, sólo se ha identificado a una persona. Ahora está abierto el plazo para que las familias que creen tener familiares allí den ADN a la Universidad de Málaga. Más de 200 ya lo han hecho. Se prevé que se sumen otros dos centenares más. La cal viva dificultará las identificaciones.

Dos décadas de exterminio

En el cementerio, hay registrados 4.471 entierros en la fosa común. Es decir, faltan 1.631 cadáveres por exhumar. Existen hipótesis, no certificadas, que sugieren que hubo traslados a otros lugares, como el Valle de los Caídos. La Asociación contra la Memoria y el Olvido -promotora de la exhumación en la que ha participado la Junta, el Gobierno y el Ayuntamiento- pretende que se construya un panteón con todos los huesos y una placa con los 4.471 nombres
Según el informe, los cuerpos fueron enterrados entre febrero de 1937 y mayo de 1957. Se trató de un “exterminio seleccionado durante dos décadas”. La mayoría fueron disparos en el pecho. Abundan los tiros de gracia con arma corta. Hay individuos golpeados con objetos contundentes. Muchos eran arrojados de tal forma que quedaban “en posiciones extremas”. La mayoría tenía “entre 20 y 40 años”.
Los enterrados en las seis primeras fosas fueron fusilados en la primera mitad de 1937. Los del sector 7, a partir de entonces. En el Patio Civil, eran sepultados los no creyentes y los suicidas. “Solían estar maniatados con alambres”, explica el director de los trabajos, Sebastián Fernández.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El informe final de San Rafael revela que los fusilamientos duraron más de dos décadas

LUCAS MARTÍN. MÁLAGA Las ejecuciones llevadas a cabo en el antiguo cementerio de San Rafael se prolongaron durante más de dos décadas, según se desprende de las excavaciones del camposanto, que fechan inhumaciones que van desde el mes de febrero de 1937 al mes de mayo de 1957. La cifra da buena cuenta de la magnitud de la represión en el recinto, considerado como el mayor cadalso de la represión en el conjunto del país.

Los trabajos, pioneros en España, detallan la labor historiográfica y los trabajos de exhumación desarrollados en los tres últimos años, que han permitido recuperar los restos de 2.840 personas. Los cuerpos fueron localizados en diferentes estratos de un total de nueve fosas, la mitad de las consignadas en los archivos oficiales consultados por la Asociación por la Memoria Histórica contra el Silencio y el Olvido.
La investigación del colectivo, comandada por Francisco Espinosa, revela un cómputo de 4.471 fusilados, muchos de los cuales, registrados en primera instancia en San Rafael, fueron trasladados a otros lugares, entre los que podría figurar el Valle de los Caídos, de acuerdo con los archivos que obran en poder de la asociación.
El periodo de represión al que se circunscribe la memoria se limita a los restos hallados en el camposanto. Las fosas comunes, y su cotejo documental, demuestran que las ejecuciones se dilataron más allá del fin de la contienda, aunque de manera cada vez más dosificada. Buena parte de los restos corresponde a la primera etapa de la represión. Las semanas posteriores a la toma de Málaga fueron las más cruentas. La investigación recoge la eliminación de 3.002 personas en 1937 en lo que respecta únicamente en el cementerio, a las que se agregan los cientos de desaparecidos en la huida por la Carretera de Almería.
La crudeza de los meses iniciales de la represión tiene su correlato en la morfología de las fosas y la disposición de los cadáveres, que fueron encontrados en posturas aleatorias. Los enterramientos de 1937, ubicados, en su mayoría, en la parcela de San Francisco, destacan por la masificación y la urgencia de las aniquilaciones, que no repararon, ni siquiera, en confiscar los bienes que portaban los fallecidos. En las sepulturas se ha inventariado una ingente cantidad de objetos personales, de naturaleza tan distinta como crucifijos, monedas o peines.
Los trabajos concluyen la existencia de un número mayor de hombres que de mujeres en las fosas comunes de San Rafael, aunque resalta el hallazgo macabro de una fusilada en avanzado estado de gestación. La edad media de los fallecidos se inserta entre los 20 y 40 años. También se han rescatado los restos de más de trescientos niños, casi todos ellos hijos de republicanos que fallecieron en las cárceles o como consecuencia de la hambruna que asoló la provincia durante la posguerra.
La memoria de los trabajos de San Rafael, que se presenta hoy en el auditorio del Museo Picasso de Málaga, culmina un trabajo modélico, ejemplarizante, que será el referente legal de las exhumaciones que se articulen en el resto del país. La investigación ha contado con el respaldo de las tres administraciones y de la Universidad de Málaga.
La Opinión de Málaga

martes, 2 de marzo de 2010

Vitoria 3 Marzo 1976…

Vitoria: vanguardia de la lucha contra la dictadura
El 14 de noviembre de 1975, el primer Consejo de Ministros presidido por Juan Carlos aprobaba el Decreto de Congelación Salarial. El 20 moría Franco. En diciembre, tan sólo en Madrid, más de 150.000 trabajadores estaban en huelga. Los primeros días de enero las empresas en huelga aumentaron, pararon Renfe y Metro, las cuencas mineras, etc.

Trabajadores asesinados por la Policia franquista
La burguesía tenía tan poca confianza en sí misma, sobre todo al calor de los acontecimientos revolucionarios que se desarrollaron en Portugal con la Revolución de los Claveles, que su máxima prioridad en aquellos momentos era poner a resguardo los frutos de la explotación de la clase trabajadora durante la dictadura. La evasión de capitales adquirió cifras dramáticas en aquellos años. Sólo entre enero y mayo de 1976 salieron del país 60.000 millones de pesetas. Esta fuga descapitalizó la industria: así, mientras en 1973 la formación bruta de capital crecía un 12,5%, en 1975 se contrajo en un -4%, siendo aún peor en 1976 donde el INI, que invirtió 115.000 millones, representaba un 30% de la inversión total.
La clase trabajadora sufría las consecuencias de esta crisis. La inflación en 1976 llegó al 20% y sólo el pan subió cerca de un 40% en el primer trimestre del año. El desempleo, que afectaba apenas a 300.000 parados en 1973, superaba en 1976 el millón de personas. La clase trabajadora respondió a esta situación con una lucha heroica.

Represión Policial
En Vitoria, desde el mes de enero de 1976, cerca de treinta empresas se habían ido declarando en huelga coordinando sus acciones, eligiendo democráticamente en asamblea a sus propios representantes, cuestionando así la falta de libertades. Los trabajadores exigían una subida lineal igual para todos de 6.000 pesetas al mes, cien por cien del salario en caso de enfermedad o accidente, jubilación a los 60 años con el jornal real, reducción de la jornada laboral, ni un despedido, ni un represaliado, no al Sindicato Vertical, etc.

Entierro de los trabajadores  (Alava 3 Marzo 1976)
Lo que caracterizó el movimiento de Vitoria fue la coordinación de las empresas en lucha a través de la elección en asamblea de comisiones representativas de fábrica que, junto a los jóvenes, las mujeres, los barrios, crearon una estructura de poder obrero que dirigía y organizaba la lucha, las cajas de resistencia, etc. A medida que fueron saliendo más empresas a la huelga, la antigua COV fue modificándose y adaptándose a la nueva situación. La COV convertida en Coordinadora de Comisiones Representativas era el germen de una nueva estructura que trascendía el marco de la empresa. El debate entre las distintas tendencias fue intenso. Arturo lo refleja en el capítulo dedicado al 3 de Marzo. Esa etapa significó un impulso en la lucha ya que se consiguió aprobar la realización de una primera asamblea de todos los trabajadores en huelga el 22 de enero. El régimen, que se sentía arrinconado y herido de muerte tras cuarenta años de dictadura, de dominación y de opresión, sólo podía morir matando.
El 3 de Marzo de 1976
El día 3 de marzo de 1976 toda la clase obrera de Vitoria secundó la huelga general convocada por las Comisiones Representativas de las empresas en lucha. El éxito de la jornada fue abrumador.
A las 5 de la tarde en la Iglesia de San Francisco de Vitoria se convocó asamblea general para toda la clase obrera de Vitoria. Una hora antes la iglesia estaba ya repleta, la ciudad absolutamente paralizada y recorrida por barricadas. Desde todos los barrios obreros miles de jóvenes, mujeres y trabajadores abandonan sus casas para acudir a la cita común.

La policía se concentra en el mismo lugar, irrumpe en el lugar de la asamblea, rompe los cristales y dispara al interior botes de humo. La gente se echa al suelo e intenta protegerse. En el exterior la noticia corre como el fuego: la policía ha cercado la iglesia, ha lanzado botes de humo en su interior y va a asfixiar a miles de obreros. La gente espontáneamente se organiza para liberar a sus compañeros. En el interior, los que ya no pueden más, salen extenuados y medio asfixiados al exterior. La policía ha organizado pasillos para recibir a los trabajadores que intentan salir a porrazos, culatazos y finalmente organiza una masacre.
Mientras el Gobierno, la patronal, el ejército y la policía se felicitaban por la masacre, la clase trabajadora sacaba lecciones de dichos acontecimientos. Más de cien mil personas, el pueblo entero de Vitoria, asistieron al funeral y recorrieron las calles de la ciudad desde el Gobierno Civil hasta el hospital donde estaban los heridos, homenajeando a los obreros muertos. Cuando Fraga se presentó allí, uno de los obreros heridos le espetó: “qué, ¿vienes a rematarnos?”. Se secundaron movilizaciones en todo el Estado y todo Euskadi se paralizó el día 8 por la mayor huelga general desde los años treinta, con más de medio millón de obreros en paro. Fueron concedidas prácticamente todas las reivindicaciones de los trabajadores y durante aquellos años la clase trabajadora en todo el Estado obtuvo las mayores subidas salariales en cuarenta años. Las luchas de Vitoria dieron un golpe de muerte a la dictadura franquista.

lunes, 1 de marzo de 2010

Testimonio de un republicano cartagenero

Quiero ofreceros una serie de testimonios que he ido recogiendo de algunas personas mayores con las que he conversado acerca de sus vivencias durante la Guerra Civil o los primeros tiempos de la posguerra.

El primero, el que traigo hoy hasta vosotros, es el de Juan, un anciano de 88 años, que no tenía más que 16 años cuando se fue al frente.
“Antes de la guerra era aprendiz de la Maestranza. Pero me alisté pronto. Quería luchar para salvar la República.
Yo me fui como voluntario a final del 37. Un primo mío vino del frente, y como yo era simpatizante de la CNT – FAI, me fui con él al frente de Extremadura, a la compañía de Depósitos de Fuenlabrada de los Montes.
Mi primo me estuvo protegiendo para que no estuviera en primera línea, y se las arregló para que en todo el tiempo que estuve allí me encargase sólo de labores de Intendencia.
Cuando llegaron los nacionales, salí huyendo, y me vine andando en dirección a Cartagena; eché a andar desde la estación, hasta llegar a Ciudad Real, donde vivía mi prima Anita. Fueron muchos días los que tardé en llegar
Anita había llegado a Ciudad Real, evacuada de Madrid, y me refugié en su casa. En su casa no tenía ropas de hombre; así que me tuve que quedar con el uniforme; no tenía nada para poderme cambiar. Si no hubiese sido por eso, a lo mejor me habría escapado, porque como era tan joven y tenía aspecto de crío… habría podido pasar desapercibido. Pero, no. Me hicieron prisionero. Fue por mi culpa, porque era un inocentón, y se me ocurrió hacer una chiquillada: Fui al banco, para cambiar cinco duros, y me puse en la cola. Y ahí había una señora que ni siquiera me conocía… si era la primera vez que la veía… pero claro, yo iba de uniforme, y entonces ella me señaló y dijo: – Aquí hay otro, alférez – yo iba de soldao, claro, porque no tenía otra ropa. Y me cogieron.
Nos llevaron a la plaza de toros a todos los que nos pillaron. Allí cogí unas fiebres, de comer las tripas que estaban salando, de los toros, pero es que estaba muerto de hambre, y lo único que había era eso, y yo me tiraba a comérmelas como un desesperao. Había también muchos cadáveres de presos… Y allí, entre los muertos, comiendo las tripas de los toros, y pasando sed… porque las tripas estaban saladas, claro, y el agua… el agua, la poca que bebíamos, no estaba en condiciones, claro; y no sé si cogí las fiebres de comerme las tripas o de beberme el agua, pero estuve malo, estuve malo muchos días, ya ni me acuerdo cuántos… hasta que me mandaron a Cartagena, con detall para presentarme, semanalmente, en la Casa de Maestre, muchos años, y después, en el Ayuntamiento.
No me acuerdo cuánto tiempo estuve en libertad provisional; me parece que hasta el sesenta y tantos… Y al principio fue muy duro, porque después de salir de la cárcel, la de Ciudad Real, cuando llegué a Cartagena, me encontré sin trabajo.
Entonces, me buscaba la vida como podía, y pasé mucho tiempo trabajando por las casas, arreglando los terraos que estaban rotos por las bombas; y a donde me llamaran, allí que iba… hasta que me hice con un diamante de cristalero, y entonces empecé a trabajar en eso; trabajé mucho de cristalero, con Belmonte, el de los muebles, y acudía a poner cristales en todas las casas donde me llamaban.
Hasta que por fin entré en la Bazán. Allí nos cogían a todos, porque necesitaban gente para trabajar en los barcos, y no había bastantes obreros, por eso echaban mano de todo el qu7e quisiera trabajar, aunque hubiera estado antes en la cárcel. A la empresa la llamaron “Consolatrix Aflictorum”, igual que le llamaban a la Virgen de la Caridad, porque era el único sitio en donde nos acogían a los rojos. Gracias a la Bazán se calmó un poco el hambre en Cartagena, porque para hacer barcos necesitaban obreros, y no había bastantes. Ésa fue la única empresa en la que nos dieron trabajo a los antiguos presos. En ningún otro sitio nos dejaron trabajar.
MARTA SEGURA