viernes, 13 de abril de 2012

“Sor María me dijo que la madre era una chica joven sin medios”

Alejandro Alcalde, el padre adoptivo de la niña supuestamente robada por la monja, declara ante el juez

La madre adoptiva no reconoce su firma en documentos del proceso de entrega del bebé

Sor María Gómez Valbuena

 



Alejandro Alcalde, el padre adoptivo de la supuesta bebé robada Pilar Alcalde, ha asegurado hoy que no dio dinero a la monja María Gómez Valbuena, imputada por la supuesta sustracción del bebé que Alcalde adoptó en 1982, cuando la religiosa le entregó a la niña. Según ha dicho, sor María le contó que la madre biológica “era una chica joven que no tenía medios” económicos para mantener a la pequeña, por lo que había decidido darla en adopción. Así lo ha manifestado Alcalde a los periodistas antes de entrar a declarar hoy en calidad de testigo ante el titular del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid, Adolfo Carretero, ante el que ayer compareció la religiosa, quien se negó a hablar y sobre la que se mantiene la imputación por los delitos de detención ilegal y falsedad en documento público. No obstante, poco después defendió su inocencia en una carta abierta a la opinión pública.
Junto a Alejandro Alcalde también ha declarado Juana Antonia, su exmujer y la madre adoptiva de Pilar Alcalde, quien ha asegurado ante el juez que no reconoce su firma en varios de los documentos del proceso de adopción de su hija en el que participó sor María. Así lo ha asegurado tras la comparecencia de Juana Antonia el abogado Guillermo Peña, que representa a la asociación SOS Bebés Robados. A preguntas de los periodistas sobre si se solicitará un informe caligráfico para comprobar a quién corresponde la letra, el abogado no lo ha descartado en aras de averiguar si sor María podría haber incurrido en un delito de falsedad documental.
Alejandro Alcalde
En declaraciones ayer a este periódico, Alejandro Alcalde relató que llegó hasta la monja tras un largo periplo, junto a la que entonces era su esposa, por las Diputaciones de Madrid, A Coruña, Lugo, Zaragoza, buscando un niño que adoptar. “La primera vez que nos vimos con ella nos lo puso muy difícil. Luego nos pidió todo tipo de datos. Nos preguntó si éramos católicos, me hizo llevar un documento de mi empresa acreditando que yo ocupaba el cargo que le había dicho que tenía y que ganaba lo que le había dicho que ganaba…”, recuerda.
“Era de una terrible frialdad”
“Sor María era una mujer muy fuerte. Ahora la veo y ni la reconozco, parece la mitad de su sombra y no solo por la edad. Era una mujer de una terrible frialdad, pero yo le estaba inmensamente agradecido porque me había dado una hija”, explica. “Recuerdo que en 1981 salió un reportaje que hablaba del tráfico de niños. Yo me peleé con todo el mundo defendiendo a sor María. Estaba convencido de que todo era mentira. Ahora no sé qué pensar”.
Alejandro recuerda que la monja le ofreció cambiar de bebé antes de la adopción. “Pilar nació muy malita. Estuvo 40 días hospitalizada y sor María nos ofreció echarnos para atrás y esperar a otro niño. Yo le dije que no. Aquella niña ya era mi hija”. También recuerda haberle pagado, en total, “unas 100.000 pesetas”, pero aclara: “Yo no compré una niña. Me pasaron facturas por la estancia de la madre, la anestesia, el quirófano, el papeleo… Las guardo todas y mañana [por hoy] se las enseñaré al juez”.
Está convencido de que lo que haya podido hacer sor María “lo hizo pensando que era lo mejor” para su hija, Pilar, a la que llevó con frecuencia cada año a visitar a la monja para que esta viera cómo iba creciendo la niña. Aunque aquella relación cordial se torció cuando Pilar cumplió 15 años y quiso conocer a su madre biológica, y Alejandro la acompañó a ver a la monja para que les diera información. “¿Pero por qué buscas a tu madre? Podría estar metida en drogas, o ser una prostituta, probablemente no quiera saber nada de ti”, recuerda Alejandro que sor María le dijo a su hija. Decidido a ayudarla a encontrar a su madre biológica, Alejandro contrató a un detective y a una abogada. No consiguió nada. Volvió muchas veces más a intentar sonsacarle algo a sor María. “Incluso le pedí a una monja con la que me llevaba muy bien que hablara con ella e intercediera por mí. ‘¡Es muy dura! Me ha dicho que no y que no!’, me dijo tras verse con ella. La última vez que vi a sor María fue hace tres años. Me acababan de diagnosticar una enfermedad y acudí a ella desesperado para intentar solucionar esto. Me dio una pista falsa. Comentó que la madre podía estar en Málaga. Y ya no me recibió más”.
“Yo no puedo decir que sor María le robó a Marisa a su hija porque no lo sé. Mañana [por hoy] le contaré al juez todo esto, mi verdad”. Alejandro añade algo más: “Los padres adoptivos deberían ayudar a sus hijos a buscar a sus padres biológicos. Tienen derecho a saber quiénes son”.

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