lunes, 2 de abril de 2012

Felisa Sobas Rodríguez, Tudela de Duero (Valladolid)

Los mayores de Tudela la recuerdan como abanderada, desfilando por la calle Mayor el 1º de Mayo de 1936, en el gran desfile conmemorativo en el que estaban su padre y todos sus hermanos.

Felisa Sobas Rodríguez



12 de marzo de 2012  Orosia Castán Verdad y Justicia de Valladolid

 Conocida como “La Paloma”, nació en Tudela de Duero el 25 de febrero de 1914. Su madre, Josefa Rodríguez Nicolás, falleció cuando Felisa era apenas una adolescente, lo que no impidió que asumiera el cuidado de su padre y de sus seis hermanos, de los que cuatro eran niños menores que ella.
El padre de Felisa se llamaba Rufino Sobas Pinilla, un obrero socialista y afiliado a la Casa del Pueblo, donde su hijo mayor, llamado Nicolás fue elegido Presidente de la Comisión de Conflictos de Tudela, mientras Felisa fue elegida Presidenta de las Juventudes Socialistas de Tudela de Duero.
Los mayores de Tudela la recuerdan como abanderada, desfilando por la calle Mayor el 1º de Mayo de 1936, en el gran desfile conmemorativo en el que estaban su padre y todos sus hermanos.
La familia Sobas fue una de las más represaliadas de Tudela. El padre fue detenido y el hermano mayor, Nicolás, se libró de la muerte al estar fuera del pueblo en los momentos de la sublevación, aunque acabó en prisión.
Felisa fue citada por el alguacil para hacer una declaración en el ayuntamiento, y a pesar del miedo que sentía por los actos violentos que se estaban produciendo a diario, acudió sola, negándose a que su padre la acompañara por temor a que lo detuvieran.
Lo ocurrido en las dependencias municipales es sabido y es uno de los motivos de mayor vergüenza de los tudelanos: Felisa fue violada por varios hombres en el interior del recinto municipal, donde estuvo encerrada hasta la noche. Varias personas fueron testigos de este hecho vergonzoso.
Siendo ya noche cerrada, su padre Rufino Sobas, inquieto por la tardanza de su hija, salió de su casa y se dirigió al ayuntamiento. En la calle, en una esquina de la plaza, se topó con Felisa, que estaba histérica, magullada, con las ropas mal puestas. Cuando vio a su padre, Felisa le mostró su cuerpo ensangrentado: ¡¡Mire lo que me han hecho, padre!!!¡¡mire cómo me han puesto!!
Este hecho terrorífico lo contó Rufino a todo Tudela. No podía ni quería callarlo, ni permitió que los violadores calumniaran a su hija, como habían hecho ya con otras víctimas de violación. Inmediatamente fue detenido y apaleado. Felisa estaba fuera de sí. Pocos días después se repitió la escena. Felisa fue conducida al ayuntamiento, esta vez a la fuerza. Las violaciones se repitieron. Era el día 2 de agosto, domingo.
En la madrugada del 2 al 3 de agostos del 36, un grupo de vecinos que se hallaba en un velatorio escucharon gritos y sollozos en la calle. Un grupo de hombres arrastraba a dos mujeres calle abajo. Los vecinos reconocieron sin duda alguna a Felisa y a Josefa Torrecilla, anciana de 62 años. Al final de la calle esperaba un coche que habían incautado los golpistas. En este coche ya habían sido sacados para matarlos varios vecinos de Tudela. Obligaron a subir a las dos mujeres al coche y se dirigieron hacia el puente. Los vecinos reconocieron a dos de los captores, aunque había por lo menos dos más.
Pedro Sobas Toquero “Maroto”, pastor natural de Tudela, residente en Boecillo, había sido obligado varias veces a enterrar cadáveres de personas asesinadas. Fue él quien enterró los cuerpos de los cuatro vecinos de Traspinedo en el cementerio de Boecillo.
En los primeros días de agosto fue al pinar de Boecillo, en la carretera de Las Maricas, con su rebaño de ovejas. En pleno pinar, hacia el lado derecho en dirección a Tudela, vio un montón de ropa; al acercarse pudo ver los cadáveres de dos mujeres. Por si esto fuera poco, reconoció a una de ellas como su propia sobrina, Felisa. Se encontraba en un estado lastimoso, sin ropas, destrozada y con signos evidentes de violación. A su lado estaba el cadáver de Josefa Torrecilla, que estaba vestida y con las manos atadas.
Pedro Sobas recogió a sus ovejas y regresó a su casa; tenía un hijo y le pidió que lo ayudara a enterrar los dos cadáveres. Así lo hicieron, y Pedro le dijo a su hijo que no olvidara jamás el lugar donde cavaron la fosa.
El lugar exacto, marcado con una retama, ha estado desde entonces en la memoria colectiva de Tudela, de Boecillo, de Traspinedo… en toda la zona se podía encontrar a alguna persona capaz de encontrar el lugar.
El día 20 de diciembre de 2003, las dos mujeres fueron exhumadas y conducidas al cementerio de Tudela de Duero por deseo de sus familias.
El día 9 de julio de 2011 Felisa fue recordada y homenajeada, junto con las demás víctimas de la represión, por todo el pueblo de Tudela que se volcó 75 años más tarde en el reconocimiento que todas ellas merecen.

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