miércoles, 18 de abril de 2012

Alicia Alted: «No tiene sentido que los restos de Franco estén en el Valle de los Caídos»

Alicia Alted Vigil


Historiadora. Pronuncia en Gijón la conferencia ‘Los gobiernos de la República Española en el exilio’





La Voz de Asturias, 12/04/2012

La exposición sobre José Maldonado estuvo el año pasado en Oviedo. ¿Por qué se produce ahora este traslado a Gijón? La intención de la Asociación José Maldonado, de la que yo formo parte, es la de que la figura de José Maldonado se conozca de la mejor forma posible y que se difunda todo lo que hizo como político y como abogado allí donde sea posible. Estuvo en Oviedo, ahora se expone en Gijón y estamos proyectando llevarla también a la UNED. Jugó un papel importante en la II República, en la Guerra Civil y en el exilio, y su trayectoria ha quedado bastante ensombrecida con el paso de los años.
El caso de Maldonado no es el único. ¿Por qué cree que la labor de determinadas figuras de la II República ha acabado cayendo en el olvido? Maldonado falleció en 1985 en Oviedo, porque pudo regresar a España tras la muerte de Franco, y hay que tener en cuenta que no fue una figura de primera fila dentro de los distintos políticos vinculados a los partidos republicanos. Durante la II República su labor política se desarrolló fundamentalmente en Asturias, y por eso resulta sorprendente que no sea más conocido aquí, donde su labor debería tener una repercusión bastante mayor de la que tiene. De ahí surge precisamente la asociación que lleva su nombre. En ese sentido, con el paso del tiempo vamos descubriendo a personajes de segunda o tercera fila que jugaron papeles importantísimos en aquellos años, hay mucha gente cuya biografía tiene que recuperarse para entender bien esa época.
Maldonado formó parte del Consejo Soberano de Asturias y León, un episodio bastante controvertido y no siempre bien explicado de nuestra historia… Es un episodio un tanto polémico. El Consejo Soberano fue una institución que se proclamó soberana e independiente y se atribuyó poderes que en realidad competían al Gobierno de la República. Fue una actitud cantonalista. Se puede entender por el contexto histórico, con Asturias a punto de caer en manos de los franquistas, pero en mi opinión creo que no fue una decisión acertada porque, a mi entender, perjudicó más de lo que benefició a la política republicana durante el conflicto.
Desde la muerte de Franco ha habido una transición y se ha consolidado la democracia, pero a la República no hay quién le quite la mala prensa… Las dos experiencias republicanas que hubo en España fueron, por distintas circunstancias entre las que hay que incluir el contexto internacional de cada momento, intentos fallidos. Después, hay que pensar que el régimen de Franco desarrolló una labor de propaganda que dejaba en muy mal lugar a la II República y por la que el sistema republicano se identificaba con el desorden, la guerra o el separatismo. También tuvieron su importancia determinadas instituciones que se emplearon a fondo para aplastar los logros republicanos, y en este capítulo jugó un papel fundamental la Iglesia católica, que aniquiló cualquier intento de modernización de España. Se ha identificado a la República con el desorden, la agitación social o la persecución al clero en vez de identificarla con lo que es realmente: un régimen político basado en los conceptos de democracia, ciudadanía y soberanía popular, en el que el pueblo elige a sus representantes. Con el tiempo se generalizó una visión distorsionada. Se ha dicho, por ejemplo, que la II República había sido un fracaso para la Educación. Hoy tenemos instrumentos para asegurar que, en realidad, fue todo lo contrario.
¿Qué tiene que pasar para que se cierre definitivamente esa separación entre las dos Españas? No lo sé. Me apena mucho que cada vez que se abordan ciertos temas se haga patente que aún no han cicatrizado las heridas. Ya vamos por la tercera generación, la de los nietos de quienes hicieron la guerra, y todavía hay temas intocables. Recuerdo que, en 1976, leí el libro de Hugh Thomas en el que éste decía que los fantasmas de la guerra civil no desaparecerían hasta que muriese la última persona que la hubiese vivido directa o indirectamente, pero apenas queda ya nadie de la primera generación y no veo que la cosa esté mucho mejor. Creo que las raíces son muy complejas y afectan a la propia estructura de la sociedad española, y ahí la Iglesia tiene mucho que decir. La existencia de un determinado pensamiento conservador se une a un pensamiento muy intransigente de la Iglesia católica (y quiero matizar que yo soy una cristiana comprometida), y eso hace que no se haya llegado a una normalización de la vida social. No es concebible que aún no se haya dado una separación total entre eso que en el XIX llamaban “el trono y el altar” y que ahora serían la Iglesia y el Estado. Cuando aquí hablamos de república o de laicismo, parece que estamos mentando al diablo. Y sin embargo, creo que es necesario asumir esa separación. Son los propios católicos los que tienen que sostener a su propia Iglesia. Otra cosa es que el Estado ayude a mantener determinados elementos del patrimonio, pero eso son cuestiones que tienen que ver con la cultura, no con la fe.
Lo que suceda con un símbolo como el Valle de los Caídos, ¿será clave para el futuro? El único punto de disenso en la comisión estuvo en los tres votos en contra de que los restos de Franco salieran del Valle de los Caídos, con el argumento de que dada la sensibilidad que generan estos temas, un acto así podría provocar agitación. A mi juicio es un informe bastante razonado que puede dar una solución. No soy partidaria, como han dicho muchos, de que lo mejor sea volarlo. Es un edificio que responde a unas circunstancias históricas y se tendría que conservar como lugar de memoria. Como sabemos, Franco nunca expresó su deseo de ser enterrado en el Valle de los Caídos, así que no tiene ningún sentido que sus restos estén allí, junto a los de 30.000 víctimas de ambos bandos. Debería haber un centro de interpretación del monumento y desde luego una rehabilitación. Es muy costosa, pero si no se rehabilita es un edificio llamado a desaparecer en 50 o 60 años. Hoy es una anomalía histórica, pero se podría convertir en un memorial de reconciliación.
¿Está condenado el informe a un cajón con el cambio de Gobierno? La comisión se constituyó tarde. Debería de haberse constituido cuando se promulgó la Ley de Memoria Histórica en 2007. ¿Por qué no fue así? Era una comisión para hacer un informe pero de entrada se sabía que no daría tiempo a poner en marcha las medidas que se tomaran en él. El informe está ahí. La crisis hace que otros temas sean más urgentes pero el informe queda ahí como instrumento de trabajo y, si no ahora, en cualquier momento podrá retomarse. Ojalá. Sería bueno para el país.
http://www.lavozdeasturias.es/culturas/sentido-restos-Franco-Valle-Caidos_0_680931995.html

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